El museo se encuentra
en Ferreirela de Baxo (Santalla de Oscos) en la casa natal de D. Antonio
Raimundo Ibáñez, marqués de Sargadelos (1749-1809).
Está dedicado a la vida y obra de este ilustrado, comerciante e
industrial, que entre sus muchas actividades fundó a finales del
siglo XVIII en Sargadelos (Lugo) una de las primeras fábricas de
fundición de hierro colado y de loza de España.
D. Ricardo Duque de Estrada y Tejada, conde de la Vega del Sella y descendiente
del marqués, donó la casa al Ayuntamiento de Santalla de
Oscos que abrió sus puertas al público en el año
2001.
El museo tiene un carácter etnológico y a la vez destaca
la vinculación del marqués de Sargadelos con su tierra natal.
El recorrido de sus estancias y el seguimiento de la visita guiada aportan
un conocimiento exacto de la cultura material e inmaterial de un pasado
vinculado a la vida campesina y a la importante industria del hierro que
se desarrolló en la zona.
Alrededor del fuego se sitúa el escano, un banco con respaldo y
brazos que cuenta con una tabla levadiza que se utiliza a la hora de comer.
Tres escanos dispuestos en forma de U en torno al lume (fuego), acogen
a toda la familia.
Sobre la lareira se encuentra el parreiro o caínzo, un entretejido
de varas de avellano sobre el que se extendían las castañas,
nueces, avellanas y otros frutos de la cosecha anual para que no se humedeciesen.
Sobre la lareira también se colocaba a curar el samartín
(embutidos del cerdo y otros productos de la matanza).
Otro espacio singular es el destinado a realizar la colada, con el baño
de madera, la dala (piedra circular) y el trobo o tina para depositar
la ropa. El trobo se asienta sobre la dala que permite mediante un pequeño
caño la salida del agua que se recoge en el baño.
La colada se realizaba colocando la ropa sucia en el trobo que se tapaba
con un trapo sobre el que se depositaba ceniza de fresno o roble. Se calentaba
en el fuego una caldera con agua que se echaba sobre la ceniza, impregnaba
la ropa y se recogía en el baño, repitiendo varias veces
la acción.
La cocina cumplía dos funciones fundamentales, una biológica, a través de la mesa diaria y otra social, transmitiendo la cultura del grupo a sus miembros. En ella se comía, cada miembro de la familia sabía el lugar que le correspondía dependiendo de su rango para sentarse en el escano; en la cocina se recibían las visitas, se charlaba, se leían libros, se contaban leyendas, se daban consejos, se rezaba, se leían las cartas de los emigrantes y realizaban sus juegos los niños.
La casa cuenta con el material etnográfico elemental para el desarrollo de la vida familiar dando preponderancia al conocimiento de la actividad humana y sus costumbres con la intención de sensibilizar a la población en la conservación del patrimonio cultural autóctono.
EL EDIFICIO :: EL MUSEO
El edificio es una antigua casa de dos plantas, reformada en 1774, construida
con los materiales propios de la zona, mampostería para las paredes,
pizarra para la cubierta y madera para el tillado y las vigas. La planta
superior está dedicada a vivienda y la inferior, que estaba dedicada
en su día a cortes (cuadras), alberga en la actualidad dos salas
de exposiciones de la industria textil y loza de Sargadelos y una tienda.
El conjunto se completa con las edificaciones auxiliares: forxa o fragua,
la bodega, el lavadero y un hórreo.
En la planta superior se recrean diferentes ambientes característicos
de la vivienda de la zona. El acceso a la vivienda está delimitado
por la corrada o corral, espacio cerrado por un muro de mampostería
y lajas de pizarra con un portón de entrada de madera. En la corrada
se encuentra la forxa o fragua, taller para trabajar el hierro con los
útiles necesarios para la fabricación y reparación
de utensilios domésticos y aperos agrícolas.
Contigua a la forxa se encuentra la bodega, lugar destinado a la elaboración
y almacenamiento del vino para la casa. Cuenta con la lagareta o prensa,
el baño o artesa en la que se recoge el vino una vez prensada la
uva y la cuba o tonel para su posterior almacenamiento. El alambiqueiro,
personaje que recorría pueblos y casas, quedándose en ellas
dos o tres días, se encargaba de elaborar unos litros de país,
licor muy apreciado en Los Oscos. La uva procedía del parral que
se cultivaba alrededor de la casa sustentado por diversas estacas.
La primera estancia que se encuentra tras franquear la puerta de entrada
a la casa es el patio, local que antecede a la cocía (cocina),
destinado a albergar los aperos de labranza de uso diario, donde se observa
la parte exterior o barriga del forno (horno) y una hucha destinada a
contenedor del grano de trigo o centeno, construida con una protuberancia
o verruga de un roble. Este espacio se utilizaba, en algunos casos, como
corte (cuadra) para el animal más apreciado, que podía ser
el caballo, protegido por el calor del forno. También era el lugar
que se dedicaba a la matanza del cocho (cerdo).
Este patio funciona a modo de pasillo orientado de Este a Oeste, con una
entrada y una salida que facilitan la ventilación de la casa, contando
con puertas de hoja alta y hoja baja, que permiten tener abierta durante
el verano la hoja superior para ventilar y que entre la luz. El patio
distribuye las estancias de la casa y la vida que se desarrolla dentro
de ella.
Desde el patio se accede a la cocía, principal estancia de la casa
por su amplitud y por ser el lugar de trabajo y reunión de la familia.
Llama la atención su altura, siete metros sin desván, para
que el humo se mantenga en la parte superior del local, sirviendo de aislante
contra el frío y salga al exterior a través de la chimenea
que se halla unos metros por debajo del cumbral. Las lumeiras, orificios
practicados en la techumbre, son las encargadas de aportar luz a la cocía.
La funcionalidad de la estancia está determinada por una distribución
racional del espacio y la ordenación de los enseres domésticos.
El forno es uno de los espacios fundamentales de la casa campesina ya
que el pan constituía el alimento imprescindible de la dieta familiar,
se cocía cada 15 días para 15 personas. La boca del forno
está orientada de tal forma que facilite la movilidad dentro de
la cocina para realizar las labores que conllevaba la cocción del
pan.
Del cuarto grande se accede al denominado cuarto de fora, pequeño
dormitorio para uso del matrimonio y el hijo pequeño habilitado
con una cama, que luce una colcha de los telares de la zona, un pequeño
armario, una mesilla de noche, un baúl y un retrete portátil.
Una pequeña puerta da acceso al corredor, utilizado en la actualidad
como oficina del museo.
De igual forma desde el cuarto grande pero en dirección Oeste se
accede al cuarto pequeno, una pequeña pieza fría, situada
encima del lavadero y dedicada a aseo de las mujeres de la casa. En la
pared que da al patio se ha practicado una escalera de acceso al piso
inferior tras la remodelación de la casa como museo.
En este piso inferior se han acondicionado las salas de exposición
en las diferentes cortes que tienen su entrada natural desde el exterior.
En la corte das oveyas se encuentra la Sala del Textil, referencia obligada
al comercio de importación de lino del Báltico emprendido
por el marqués y a la actividad de la tejeduría tradicional
de la zona. En la corte das vacas se muestran las exposiciones de las
Reales Fábricas de Sargadelos de 1791 (fundición de hierro)
y 1806 (fábrica de lozas estampadas). En la corte das cabras se
encuentra la tienda con productos de la moderna Fábrica de Porcelanas
Sargadelos (1971).
Fuera de la corrada se encuentra el horro (hórreo) que se utilizaba
como despensa para guardar las cosechas y otros alimentos como la carne
salada. Debajo del horro se colocaban los instrumentos de labranza: el
arado, el carro, etc.
El horro en la actualidad está techado con losas de pizarra pero
originariamente tenía una techumbre de paja de centeno por diversos
motivos. Era un material más barato, permitía una mejor
ventilación y al pesar menos permitía a la edificación
mantener su equilibrio natural. Su particular configuración está
pensada para evitar la humedad y el acceso al mismo de los roedores.
No se debe medir la riqueza de la casa por contar con el horro, que estaba
presente en todas las casas de labranza. Sin embargo las viviendas de
los más pudientes contaban con desván, que era su verdadera
despensa, debido a que podían contratar a canteiros (canteros)
y disponer de mejores materiales de construcción y por lo tanto
realizar mejores estructuras que les permitían dar más altura
y solidez a la casa.
diseño: área·norte | desarrollo técnico: sentido común